Después de cinco años de trabajos de rehabilitación, ha vuelto a abrir sus puertas el Manso Escorial, rebautizado como Casa Manso. Coincidiendo con las celebraciones del bicentenario, la hermana general, María Teresa Cuervo, inauguró el nuevo espacio en la tarde del 26 de febrero. A la entrada del edificio, descubrió una placa conmemorativa, esculpida en bronce por Teresa Guerrero y Javier Martínez, que muestra a una joven Joaquina y representa las tres dimensiones del carisma Vedruna: educar, sanar y liberar.

La Casa Manso permitirá sumergirse en la vida cotidiana de Joaquina hace 200 años y–con el apoyo de un sistema de autoguías, paneles y materiales audiovisuales– mostrará al visitante la esencia de su carisma y de una misión, presente hoy en más de 20 países de África, América, Asia y Europa. Todo ello, sin dejar de ser casa de una comunidad de hermanas hoy, en la Cataluña del siglo XXI. En la que se organizarán jornadas, cursos o retiros, como centro de espiritualidad y de formación Vedruna, tras el acondicionamiento para esta finalidad de espacios del antiguo noviciado
Proyecto Junto al Fuego

Junto al Fuego. En casa de Joaquina
“Todo nació con la inquietud de las hermanas de la comunidad que vivía en el Manso Escorial por preservar la casa”, explicó Mabel Burgell, educadora y formadora Vedruna, además de hermana de la propia comunidad del Manso. Un grupo de nueve hermanas recogió el testigo de idear el modo idóneo para “atender a los numerosos y tan variados grupos de personas que visitan la casa de Joaquina y se acercan a ver sus restos”, lo que suponía “tanto la necesidad de adecuar los espacios, como la de encontrar un lenguaje y unas formas más apropiadas para unas generaciones progresivamente familiarizadas con las experiencias inmersivas y el lenguaje audiovisual”.
La idea nació “justamente en la pequeña cocina de los tiempos de Joaquina en el Manso, a la lumbre de cuyo hogar debió ella pasar tantas horas˝. De ahí el nombre del proyecto: Junto al Fuego.
Además de Mabel Burgell, formaban aquel grupo Maria Busquets, Teresa Carrió, Dolores Codera, Josefina Hernández Turró, Montgrony Viñas e Inma Bonada, fallecida el pasado mes de abril, a quien se le dedicó un recuerdo especial.
En enero de 2021 se presentó el proyecto al Equipo General, con María Inés García entonces como hermana general. La idea va tomando forma implicando a hermanas y laicos Vedruna de todos los continentes, “teniendo siempre presente la gran diversidad que caracteriza nuestra Familia Vedruna”, explicó María José Meira, consultora del Equipo General. El deseo –añadió– era “que fuera un proceso lo más participativo posible, un camino realizado con muchas manos, muchas mentes y muchos corazones”.
Una casa, antes que un museo
Dentro de los grupos de trabajo que se formaron tuvo un especial protagonismo la Comisión Espacio Manso, nombrada por el Equipo General, que se encargó de recoger y aportar criterios para orientar la reestructuración de los espacios y las obras de rehabilitación.

Presentación de la Comisión Espacio Manso
“Lo tuvimos claro desde el principio: no rehabilitábamos un museo, sino que recuperábamos una casa”, explicó en una mesa redonda uno de los miembros de esa comisión, el educador e historiador Ramón Rial. “Y además no era una casa cualquiera, era una casa de puertas abiertas, un hogar de acogida donde Joaquina gestó su proyecto de sanar, educar y liberar. Un lugar donde “espiritualidad y misión se funden” y donde “el ayer dialoga constantemente con nuestro hoy”. Y que permite al visitante sumergirse en la Cataluña de la época y sus necesidades sociales, a las que Joaquina –“mujer transgresora y pionera” como fundadora de una congregación religiosa de vida activa– dio una nueva respuesta junto a aquella primera comunidad de hermanas que se formó en la primera comunidad del Manso.
Debía ser también una casa donde “los espacios hablaran por sí mismos”, capaz de “conmover” no ya “a la gente que ya conoce el Manso, a las hermanas y laicos que ya conocen el Manso”, sino sobre todo a quienes se acercan por primera vez a Joaquina, subrayó Ramón Rial.
Espacios con fuerte carga simbólica
Para Virginia Félix, miembro también de la comisión, “todo el Manso es espacio sagrado”, pero hay “determinados lugares o espacios que tienen una carga simbólica, histórica, espiritual, muy potentes”. Uno de ellos es la cocina, que “refleja la cotidianidad. Un lugar en el que se hacía la vida, se comía, se rezaba el rosario en familia. Es fácil imaginarse a Joaquina y a los niños por allí, ¿verdad?”.

El segundo de los lugares es la celda, “ese espacio tan pequeñito, austero, sobrio, que Joaquina, ya viuda, elige como espacio propio, y que refleja su radical decisión y opción por una vida despojada y entregada a Dios y a los demás”.
Y el tercer espacio es el desván, “ese lugar tan simbólico que fue y que quiere seguir siendo espacio de contemplación, de silencio, de escucha. El lugar donde alimentar la relación con nuestro Dios”.
Sin olvidar la capilla, que en otro tiempo fue el salón de la casa, “un lugar de compartir con otros, de abrir la puerta a otros”, y que, posteriormente, fue la sala de noviciado. “Un lugar diferente pero donde también se compartía, se oraba, se estaba… Un lugar de fraternidad. Y qué bonito también pensar que este lugar que ahora es nuestra capilla ha tenido todos estos usos a lo largo de los años, pero siempre con el hilo conductor del compartir con otros”.
Todo ello conforma “una casa que va a ser para la misión, para la misión de educar, sanar y liberar”, explicó Mamen Barrena, del Laicado Vedruna en la Provincia Europa.
La biografía de Joaquina, con sus diferentes etapas vitales, y la misión que han continuado sus hijas espirituales a lo largo de 200 años se funden en la narración. “La pedagogía del amor” que caracterizaría después el carisma de Joaquina está muy presente ya en ella como madre que “cuida de sus hijos” y está “atenta a las necesidades” de su entorno”, subrayó Mamen Barrena. En todas y cada una de las etapas de su vida, Joaquina “va haciendo un camino no sola, siempre acompañada”. De manera progresiva, la casa familiar se convierte en hogar de su congregación.
La transformación arquitectónica

Herminia Álvarez con los responsables de los equipos técnicos
Todo aquel flujo de ideas y sueños necesitaba plasmarse en actuaciones concretas. “El criterio básico desde el principio fue y es que la casa siga siendo casa, que tenga sabor de casa, que respete todo lo que sea original”, explicó Herminia Álvarez, administradora y ecónoma general, que dio paso a los equipos de arquitectos y a los diseñadores del espacio museístico que acometieron la remodelación.
“Se han preservado y enfatizado espacios significativos como la habitación donde se trasladó Joaquina de Vedruna cuando enviudó, la antigua cocina, los vitrales de la capilla y la escalera principal”, que “se ha abierto y ha recuperado su papel como eje vertical y articulador del edificio”, contó Toni Casas, miembro de la dirección facultativa de obra. Como aspecto especialmente significativo, “se han eliminado tabiques añadidos y divisiones innecesarias, limpiando los espacios de elementos sobrepuestos y permitiendo que la estructura original vuelva a leerse con claridad”.
En cuanto al espacio museístico, Marc Saborit, uno de los diseñadores, resaltó que “el recorrido incorpora varios ejes transversales”, como las cartas de Joaquina, que “permiten escuchar su voz o el mobiliario histórico, que ayuda a “imaginar su vida cotidiana”. El propósito principal, sin embargo, no es proporcionar una experiencia inmersiva en 1826, sino “un espacio vivo” capaz de provocar preguntas y permitir que “cada visitante haga su propia lectura”. Es “un contenido que está vivo, que hoy es este pero que mañana puede ser otro, en un mundo que avanza tan rápido”, y en el que, de formas que todavía no conocemos, el carisma Vedruna desde su “capacidad de reactualizarse” seguirá dando respuesta a las necesidades de los pueblos.
Más información y material gráfico en vedruna.org
Vídeo completo de la presentación: