“Es un testimonio vivo que hemos querido recoger para guardarlo como una joya”. Así presenta el proyecto “Voces de las Hermanas” Damián Buenvarón, director general en el Colegio Nuestra Señora del Carmen, de Huelva, que desde la Comisión del Bicentenario ha coordinado la recogida de vídeos testimoniales de una veintena de hermanas que dedicaron su vida a la Escuela Vedruna.
Los primeros siete vídeos están disponibles en el canal de YouTube de la Fundación Vedruna Educación. Se trata, explica Damián Buenvarón, de un instrumento fundamental en el proceso llevado a cabo en los últimos años de repensar el proyecto educativo con motivo de la celebración del bicentenario. “Para esto, lo primero es mirar a los orígenes, acudir a las hermanas que han encarnado ese carisma y que para nosotros han sido siempre la referencia”. Para el profesorado más joven, a menudo sin esa experiencia directa de hermanas en las escuelas, contar con este depósito documental resulta “especialmente útil y necesario”.
En los más de 30 colegios de la Fundación el profesorado está llevando a cabo en estos meses una reflexión que mira al futuro desde unas raíces afianzadas en el carisma. La pregunta que se plantea es la siguiente: “Si hoy fundara una escuela Joaquina, ¿cómo sería? ¿A qué necesidades querría dar respuesta?”, cuenta Buenvarón. Las reflexiones abiertas en cada escuela se pondrán en común en un gran encuentro programado para junio como gran celebración del bicentenario. Hasta entonces, la Fundación Vedruna Educación seguirá difundiendo estos materiales para estimular y encauzar esa reflexión, y para dar a conocer el carisma Vedruna en la escuela.
Uno de los primeros vídeos disponibles es de la hermana Isabel Cubero, fallecida el pasado 12 de noviembre. Con la misma alegría y buen humor con que se la recuerda en el colegio del barrio de Nervión, en Sevilla, cuenta en esta grabación que lo fundamental para educar es el “el amor, la cercanía, las manos extendidas…”. “Yo sí quería los niños de verdad”, dice. “Y quería lo mejor para ellos: que fueran personas abiertas, agradables, cariñosas. Que ayudarán, que no fueran egoístas…”, para que “puedan arreglar este mundo tan estropeado como está”.
Desde Alcoy, Manolita y M. Isabel Molpeceres hablan del desafío de formar a niños, niñas y jóvenes “con actitudes abiertas y comprometidas con la realidad”. Siempre respetando su libertad y manera de pensar, sin “imponer la nuestra”. Jóvenes con una “personalidad” consciente y formada capaces de dialogar con todo el mundo, desde “esa personalidad profunda, esa personalidad que no se pierde por contagio de los que no viven igual”. Una apertura así es lo que “se necesita para una sociedad como la nuestra, que es tan cambiante”.
En otro de los vídeos volvemos a ver a M. Isabel Molpeceres, esta vez con Virginia García del Cueto, hablar del “corazón universal” de Joaquina, rasgo que la hermana Virginia describe como “un amor a Dios y a los hermanos desbordante”. Eso lo comunica la fundadora con «alegría” y con “sencillez”, añade Virginia García Cueto, que, procedente de Villaviciosa (Asturias), vive ahora en la comunidad del Sagrado Corazón, de León. “Una persona sencilla es muy fácil de vivir con ella”, explica en otra grabación. Santa Joaquina sí “fue capaz de ser sencilla, de hablar con el corazón”, un rasgo indisociable para ella de “la nobleza”.
Mila Gandarias, presidenta de la Fundación Vedruna Educación, resume en pocas palabras el carisma que impregna la misión educativa de la escuela Vedruna. “¿Qué decir de la misión Vedruna? Apasionante. educar sanar y liberar. Que yo lo entiendo de manera integral: el que educa sana; el que educa de verdad, libera…”.
Al hacer balance de los 200 años de historia, hay “una cosa que a mí me fascina de la familia Vedruna también hoy: es estar siempre atenta e intentando siempre responder a los signos de los tiempos, a los desafíos que presenta cada momento”, añade.
Rasgo muy marcado ha sido siempre también el ambiente de familia. “Ser Vedruna es ser familia: fraternas, cercanas, sencillas… ¡Qué gusto da cuando, tantas veces, oímos decir a los padres y madres de nuestras alumnas y alumnos eso de que aquí se respira aire de familia”.
Desde Puerto Real, también Manuela Martínez pone el foco en que “la misión es única”, aunque “las tareas” sean diferentes. Esa misión no es otra que “la misión de la Iglesia, el Reino de Dios. ¿Qué decía Joaquina de Vedruna? Que ella lo que quería era la gloria de Dios y el bien del prójimo. Y el bien del prójimo, según decía san Ireneo, es que el hombre viva, que la persona viva. Cuando yo me encontré con aquella frase me cambió todo, y descubrí que si tú educas, sanas. Si sanas, liberas. Si estás en la sanidad, educas”.
Una prueba viva de que la misión es única la ofrece el testimonio de Pilar Romero, de Nervión. “En el colegio he sido muy feliz”, confiesa. Incluso en los días en que, por cuidar a su madre, llegaba a dar las clases sin dormir, “pero a mí no me importaba nada”. Gozaba mucho hablando a las párvulas de cinco años de Dios, hablándoles de la Virgen, enseñándoles las primeras oraciones y las letras…”.
Hoy, retirada de la escuela, se considera igual de feliz acompañando a las hermanas mayores. “Era feliz y soy feliz, porque mi misión es estar aquí con las hermanas mayores, con las que están más limitadas: escucharlas, darles cariño y alegría. Es mi misión ahora”.