La visita del papa León XIV a España ha supuesto un acontecimiento histórico para toda la Iglesia. Más de quince años después de la última visita de un Pontífice a nuestro país, miles de personas se reunieron en Madrid para participar en los distintos actos convocados durante estos días. Entre ellas, también estuvimos los jóvenes de la Pastoral Juvenil Vedruna, viviendo una experiencia de Iglesia que nos llenó de alegría, esperanza y agradecimiento.
Con nuestra bandera de la PJV ondeando entre la multitud, participamos en la Vigilia de Jóvenes del sábado y en la celebración de la Eucaristía del Corpus Christi del domingo. Fueron dos jornadas intensas, marcadas por el encuentro, la oración, la fraternidad y la emoción de compartir la fe junto a cientos de miles de jóvenes y peregrinos llegados de distintos lugares.
Así lo vivieron nuestros jóvenes:

Un mensaje dirigido hacia mí por el propio Jesús
Haber participado en la Vigilia de jóvenes y en la celebración de la eucaristía con motivo de la solemnidad del Corpus Christi, ambos actos presididos por el Papa León en Madrid, ha sido una de las experiencias más emotivas que he vivido hasta la fecha. Haberlo disfrutado y vivido con jóvenes y Hermanas de la Pastoral Juvenil Vedruna ha supuesto para mí una gran ilusión y sentido de familia.
Así pues, también existía en mí una gran expectación de lo que iba a suponer esta vivencia, mas no por ello dejé de sentirlo como un evento donde dejarme llevar y cautivar por todo lo que había a mi alrededor. Las conversaciones compartidas, los juegos durante la espera y la ilusión conjunta por conocer a su Santidad han sido para mí una revelación de cómo el Señor está en cada momento. En efecto, las palabras y mensajes transmitidos por el Papa León en ambos actos, además de la preciosa experiencia de haberlo compartido con personas con las que (con)vivo mi fe, me hacen sentir muy agradecida por formar parte de la familia Vedruna.

Me parece oportuno destacar uno de los mensajes que el Santo Padre tenía destinado para los jóvenes y que ha calado en mi corazón por el momento vital en que me encuentro: “¡No tengáis miedo jamás de pensar en una vocación a la vida sacerdotal, a la vida religiosa o a otros servicios en la Iglesia!” Puedo afirmar que, en ese momento, sentía como este profundo mensaje estaba dirigido hacia mí por el propio Jesús.
Habiendo asimilado los momentos vividos en mi corazón y, volviéndolos a pasar por el corazón, como predispone la etimología de “recordar”, solo me queda decir que doy gracias a Dios por haber podido vivir este acontecimiento junto a mi familia, la familia Vedruna y la PJV por haberme permitido entender que la fraternidad es un pilar fundamental para vivir nuestra fe.
Minerva Rodríguez Sanz
Alegre y agradecida por poder formar parte de algo tan significativo
Asistir este domingo 7 de junio a ver al papa León en Madrid ha sido una experiencia que recordaré siempre. Nunca había tenido la oportunidad de vivir algo así y, por eso, ha sido un día lleno de emociones y sentimientos muy diferentes. Además, haber compartido este momento con el Colegio Mayor y con la Congregación Vedruna lo ha hecho todavía más especial, me he sentido muy emocionada, alegre y agradecida por poder formar parte de algo tan significativo. Durante la misa también tuve momentos de reflexión que me permitieron detenerme y pensar con más profundidad a cerca de mi fe. Aunque fue una jornada larga y cansada, siento que todo mereció la pena y todavía me cuesta encontrar palabras para expresar todo lo que viví y sentí.
Laura Alonso
Una vigilia para alzar la mirada
La tarde del sábado comenzó en el Centro de Pastoral Juvenil Vocacional y Colegio Mayor, donde compartimos la comida y un sencillo momento de oración. Antes de salir hacia la Vigilia, pusimos en común nuestras expectativas, aquello que esperábamos vivir y escuchar en este encuentro con el Santo Padre. Con ilusión y el corazón abierto, nos dirigimos hacia nuestro sector.
La emoción fue creciendo a medida que avanzábamos por una Castellana transformada para la ocasión. Resultaba impresionante contemplar una de las grandes arterias de Madrid llena de jóvenes llegados de tantos lugares, unidos por una misma fe y una misma esperanza.
La música, la alegría compartida y el ambiente festivo fueron preparando el encuentro. El himno de la visita apostólica, Alza la mirada, resonó repetidamente durante la tarde, invitándonos a vivir estos días con una actitud de confianza y apertura a Dios.
Uno de los momentos más esperados fue el paso del papamóvil. Ver de cerca al Papa León XIV despertó una gran emoción entre los asistentes y dio paso al diálogo que mantuvo con varios jóvenes. Sus palabras nos animaron a vivir una fe valiente, comprometida y capaz de responder a los desafíos de nuestro tiempo.
Sin embargo, uno de los instantes más significativos llegó con la adoración eucarística. En medio de una multitud inmensa, el silencio se hizo protagonista. Durante unos minutos, cientos de miles de jóvenes permanecimos en oración ante Jesús Sacramentado, experimentando la belleza de una Iglesia reunida en torno al Señor. Fue un momento de profunda comunión y de conciencia de pertenecer a algo mucho más grande que nosotros mismos.







Celebrar juntos la Eucaristía y el Corpus Christi
El domingo madrugamos para participar en la celebración del Corpus Christi. Desde primeras horas de la mañana, la plaza de Colón comenzó a llenarse de peregrinos, familias, comunidades religiosas y jóvenes que querían compartir esta Eucaristía presidida por el Papa.
La espera estuvo marcada por la alegría y la ilusión. Cuando el papamóvil recorrió la plaza, volvimos a sentir la cercanía del Santo Padre y la emoción de formar parte de este momento histórico para la Iglesia en España.
La celebración eucarística fue vivida con recogimiento y profundidad. En su homilía, el Papa nos recordó que la fe no puede quedarse en un recuerdo del pasado, sino que está llamada a seguir transformando nuestra vida y nuestra sociedad. Sus palabras resonaron con fuerza entre los asistentes:
«Que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que se visita, sino una escuela de fe de la que beber también hoy. Una escuela que nos enseña a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo, porque nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano».
La celebración concluyó con la tradicional procesión del Corpus Christi, expresión pública de una fe que sale al encuentro de las personas y de la vida cotidiana. Fue un hermoso broche final para un fin de semana que quedará grabado en nuestra memoria.







Regresamos a casa cansados, pero profundamente agradecidos. Agradecidos por la oportunidad de vivir esta experiencia junto a tantos jóvenes, por sentirnos Iglesia universal y por seguir caminando, como familia Vedruna, al servicio del Evangelio y de los jóvenes.
Porque, una vez más, hemos comprobado que la fe se fortalece cuando se comparte, y que Dios sigue convocándonos a caminar juntos con esperanza.
PJV
Tomado de pjvvedruna.es