Desde la Red SEL Vedruna celebramos con profunda alegría y esperanza la finalización del proceso extraordinario de regularización en España, que concluyó el pasado 30 de junio, tras meses de trabajo intenso, acompañamiento y expectativas compartidas. Este proceso, limitado en el tiempo, pero decisivo en su alcance, ha abierto posibilidades reales de vida digna para miles de personas que ya forman parte de nuestras comunidades, barrios y proyectos. No hablamos de cifras abstractas, sino de rostros concretos que conocemos, acompañamos y queremos.
Los datos oficiales confirman la magnitud de este proceso: 1.174.978 solicitudes presentadas en todo el país, una cifra que revela cuántas personas vivían en la invisibilidad administrativa mientras sostenían trabajos esenciales y contribuían al bien común. De ellas, más de 608.000 solicitudes ya han sido admitidas a trámite, lo que supone que más de la mitad de las personas solicitantes cuentan ya con un permiso provisional de residencia y trabajo mientras se resuelve definitivamente su expediente. Cada admisión es una vida que deja atrás el miedo, la precariedad y la incertidumbre.
Sin embargo, junto a esta alegría, también reconocemos que muchas personas han quedado fuera. Personas que, aun viviendo entre nosotros, no han podido cumplir los requisitos exigidos, no han logrado acreditar los tiempos necesarios o han quedado atrapadas en situaciones de vulnerabilidad que el procedimiento no ha sabido recoger. Esta realidad nos duele y nos compromete a seguir acompañando, defendiendo y visibilizando sus vidas, porque ninguna persona debería quedar excluida del derecho a vivir con dignidad.

Es importante subrayar que este proceso no produce “efecto llamada”, tal como demuestran los datos de la regularización de 2005, que afectó a más de medio millón de personas y no generó incrementos extraordinarios en la llegada de migrantes. La evidencia es clara: regularizar no atrae nuevas llegadas, sino que ordena, estabiliza y protege a quienes ya están aquí, trabajando y formando parte de nuestra sociedad. La regularización no es un incentivo para migrar; es una herramienta de justicia para quienes ya conviven con nosotros.
En este contexto, resuenan con especial fuerza las palabras del Papa León durante su visita a España, y especialmente en Canarias, donde la realidad migratoria se vive con una intensidad que interpela a toda Europa. Allí afirmó que “la dignidad no se concede: se reconoce”, recordándonos que cada persona migrante es un sujeto de derechos y no un número en una estadística. También dijo que “una sociedad que mira a los migrantes a los ojos se mira a sí misma con verdad”, invitándonos a comprender que la hospitalidad no es solo un gesto de bondad, sino una forma de justicia que revela quiénes somos y qué valores sostenemos.
La experiencia de estos meses nos confirma que la regularización no es solo un trámite administrativo, sino un gesto de país que decide mirar de frente su realidad plural y reconocer la riqueza humana que ya forma parte de su tejido social. La sociedad civil ha demostrado una capacidad admirable de movilización: más de 700.000 firmas y centenares de organizaciones han sostenido esta iniciativa, mostrando que la ciudadanía quiere un país más justo, más humano y más consciente de la diversidad que lo habita.
Como Red SEL Vedruna, sabemos que la regularización abre caminos, pero no los completa. Queda mucho por hacer: acompañar a quienes han quedado fuera, exigir procedimientos más inclusivos y menos burocráticos, promover políticas estables que no dependan de medidas extraordinarias y seguir construyendo una cultura de acogida que no se limite a momentos puntuales. La misión Vedruna nos impulsa a estar cerca, a escuchar, a sostener y a defender la dignidad de cada persona, especialmente de quienes viven en mayor vulnerabilidad.
Hoy celebramos este paso con gratitud y esperanza. Celebramos la posibilidad de que miles de personas puedan vivir sin miedo, trabajar con derechos y construir su proyecto de vida con libertad. Celebramos la visibilización de quienes durante demasiado tiempo han sido invisibles. Y celebramos que, como sociedad, hemos sido capaces de abrir una puerta que la indiferencia mantenía cerrada.
Que este proceso sea un punto de partida hacia una convivencia más justa, más humana y más fraterna. Y que las palabras del Papa León sigan guiando nuestro compromiso: “La hospitalidad es justicia en movimiento”. Desde la Red SEL Vedruna, seguiremos trabajando para que ninguna persona quede fuera de esa puerta abierta.
Inma Gala, ccv