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No olvidemos la raíz de la acogida

No olvidemos la raíz de la acogida

«Cuando un extranjero resida con vosotros os será como uno nacido entre vosotros, y lo amaréis como a vosotros mismos, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto». A quienes leéis estas líneas, os confiamos nuestra mesa compartida de cada día y las vidas de estos jóvenes. Son “ángeles”, cada uno a su modo y según su cultura llevan dentro un mensaje que nos hace bien escuchar y acoger. Estoy convencida de que, como a Sara y Abrahán, su palabra nos transforma la vida. 

«Una casa marcada por la palabra “acogida”». Es una de las frases que pronuncié al grabar el video de presentación que elaboramos en febrero para dar a conocer esta comunidad a nuestra Familia Vedruna. Esta palabra, “acogida”, la llevamos en los genes en la Familia Vedruna, con el testimonio de Joaquina que empezó la Congregación acogiendo en su casa a jóvenes. Más allá de esto, es con toda la familia judeocristiana que compartimos este valor que heredamos de generación en generación. Así como también con nuestros hermanos/as musulmanes para quienes es una raíz fuerte en su cultura.

Nosotras recordamos estos imperativos: «Perseverad en el amor fraterno. No olvidéis la hospitalidad, pues gracias a ella algunos hospedaron, sin saberlo, a ángeles» (Heb 13,1-2). Realmente, al buscar vivirla día a día en esta comunidad amplia de 10-12 personas, sentimos que acoger es una oportunidad para crecer en el amor fraterno, aprendiendo a vivir juntos y querernos contando con todas nuestras diferencias e incomprensiones. ¡Y qué importante este segundo imperativo para no perder de vista el horizonte: «no olvidéis…»!

Hacer memoria, nos lleva a conectar de nuevo con el Dios de la Creación, el Dios anfitrión que nos acogió primero en su Creación (cf. Gn 1) y contó con nuestra memoria agradecida para acoger a otras/os, asemejándonos así cada vez más a Él. Recordar, es también dejar resonar el final del Benedictus, «por la misericordia entrañable de nuestro Dios, nos visitará un sol que nace de lo alto (…) para dirigir nuestros pasos hacia el camino de la paz» (Lc 1,78-79). Jesús de Nazaret, Él mismo quiso que nuestro hogar fuese suyo, que podamos sentirnos parte de su familia, y formar una nueva familia donde ya no hay extraños, sino hermanos. Esta misericordia entrañable es el don recibido que nos sentimos llamadas como discípulas a ofrecer a quien llega, acogiéndole de forma incondicional, sin preguntas ni juicios, solamente deseando anunciar y transparentar al que nos visitó primero. También recordamos la memoria que los hebreos se transmiten: «Cuando un extranjero resida con vosotros os será como uno nacido entre vosotros, y lo amaréis como a vosotros mismos, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto» (Lv 19,33-34). Extranjeras también fuimos Justi y yo en tierras africanas, extranjeras fuimos tal vez todas/os en cierto momento de nuestro camino.

Esta memoria nos habita y nos mueve, como las primeras comunidades cristianas, a cuidar esta acogida, deseando hacer así creíble nuestra fe y en nuestro caso, también nuestra opción por la vida religiosa en la Familia Vedruna. A quienes leéis estas líneas, os confiamos nuestra mesa compartida de cada día y las vidas de estos jóvenes. Son “ángeles”, cada uno a su modo y según su cultura llevan dentro un mensaje que nos hace bien escuchar y acoger. Estoy convencida de que, como a Sara y Abrahán, su palabra nos transforma la vida.

Valérie Squire

Fecha

marzo 3, 2021

Categoría

Otras